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Recibiendo la vida, en todas sus formas

Las grandes tradiciones espirituales de la humanidad toda, se originaron en torno a dos pilares al menos, (se que es muy simple reducirlo a eso, pero para poder entrar en tema hagámoslo así):la necesidad de “resolver” el sufrimiento y un personaje o persona que compartió una enseñanza o camino para salir del sufrimiento. Claro que una vida no alcanzaba para llevar a la práctica esas enseñanzas, y menos aún si se trataba de un cambio de vida profundo. Entonces todas las tradiciones vieron morir a sus líderes y debieron continuar en formas de comunidades que luego se transformaron en instituciones y persistieron en el tiempo expandiéndose mucho más allá de la tierra que las vio nacer. Piensa en el origen de cualquier tradición y podemos constatar esto. En el cristianismo también sucedió y las primeras comunidades rescataron unas palabras atribuidas a Jesús en diversas conversaciones en las que se le preguntaba cuándo, cómo y en dónde sería esa venida de su proyecto. Cuándo, cómo y dónde ...

Amor y alegría

Qué difícil nos ha resultado siempre a los seres humanos simplificar la espiritualidad y la vida religiosa descubriendo lo esencial y discriminando lo que no lo es...al punto que quizá, esa dificultad está en la raíz de uno de los principales problemas que padecemos: no creemos, no vemos, no identificamos en las religiones y en la vida espiritual una alternativa al sufrimiento. Parece que en tiempo de Jesús esto ya ocurría y su “primer milagro” precisamente estuvo relacionado a esto. Cuenta Juan que se realizaba una boda en un pequeño pueblo en las afueras de Nazareth. En una aldea, la gente que allí vivía, gente de campo, que trabajaba la tierra y con animales, celebraba una boda. Una pareja joven, seguramente conocidos por todos, festejaban su casamiento: amor y alegría. Pero en determinado momento, el vino se acabó. El vino, símbolo de la alegría, la bebida que calienta la sangre, que pone contentas las personas, que en una fiesta las anima a bailar y celebrar se acababa. No es que ...

Un amor amándonos

Una vez le preguntan a Jesús cómo sería ese “reino de Dios” del que él hablaba, no sé si exactamente con esas palabras, pero si parece cierto que él comunicaba una experiencia de Dios que contrastaba con lo que parecía ser Dios y la religión en su época y entorno. A mi me gusta pensar que Jesús tenía un proyecto de vida que estaba inspirado en su experiencia de Dios. Humildemente y con mis limitaciones, creo que Jesús nunca dijo dónde estaba Dios sino “cómo era”… entonces una vez le preguntaron cómo era eso de su experiencia, y él respondió que era como el dueño de una viña que salió a contratar trabajadores para su campo. Y lo hizo a primera hora, a media mañana, a medio día y a la tarde y con todos acordó el mismo salario. Cuando llegó la hora del pago, fue pagando a cada uno, comenzando por los últimos que había contratado, de ésta manera los que habían llegado a primera hora vieron cuánto se les pagaba a cada uno. Y a todos pagó lo mismo. Y en la historia que cuenta Jesús, parece q...

Reunirnos

Resulta que Jesús hablaba a sus discípulos acera del perdón entre ellos y luego de compartirles varias “indicaciones” les dice: “se los digo otra vez: si dos de ustedes llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí, en medio de ellos, estoy yo”. Cómo vivimos las heridas que nos causan las relaciones humanas, cómo perdonamos o cómo aceptamos el perdón, otra vez, las heridas sicológicas, los enojos, los resentimientos, el rencor...la culpa...todo ello hace a la vida misma. Hablemos o no de una comunidad de práctica o espiritual, en los cimientos, en el fondo de nuestras relaciones están esos asuntos. No es algo de la antigüedad, tampoco es exclusivo de nuestra época. Ha sido así siempre porque la vida misma es relación. En esas palabras de Jesús hay dos puertas por donde podríamos entrar al mismo tema: el perdón y cómo perdonar o la com...

Ese otro, tu hermano

Las heridas emocionales surgidas en las relaciones interpersonales, son la mayoría de las veces, el camino que transitamos cuando no podemos detenernos y mirar el sufrimiento. Vamos por la vida, durante años, cargando resentimientos, culpas, heridas, lastimaduras...y lo que decimos que queremos, necesitamos o que nos gusta o no, generalmente proviene de ahí, de ese almacén de emociones y creencias que la mayoría de las veces también, va quedando relegada bajo el umbral de la conciencia. Sabemos que algo nos duele, pero no sabemos ni dónde, ni cómo, ni siquiera desde cuándo. Hablando del perdón y de la ética, Jesús una vez dijo algo así: si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda. Es decir, si cuando vas a tu práctica, “si cuando vas a dejar tu ofrenda en el altar” que sería como decir “si cuando vas a s...

Partir y compartir. La dinámica de la plenitud

Sin lugar a dudas, lo que nunca deja de impresionarme del mensaje de Jesús es su vigencia. Desprovisto de los envoltorios que a veces los humanos a lo largo del tiempo hemos ido sumándole, si hacemos el ejercicio de escuchar estos relatos y traerlos a nuestra vida cotidiana, su poder de iluminar y de inspirar es tremendo. Este relato cuenta cómo un día, luego de andar todo el día, llegada ya la tarde, los amigos de Jesús se le acercaron y le dijeron que la gente tenía hambre, era tarde y no había qué darles de comer...mejor despedirlos para que cada uno se marche a su casa. Gente de muchos lugares lejanos se había reunido para escuchar a Jesús y ahora, llegada ya casi la noche, no tenían qué comer. El relato dice que Jesús invitó a la gente a recostarse en el suelo, tomó lo que los amigos tenían (unos panes y unos pocos peces), mirando al cielo bendijo, dio gracias por esos alimentos y los compartió. Y todos comieron. Y sobró mucho. El relato dice que eran miles de personas. Ahora bien...

Autoconocimiento es aceptación de uno mismo y de los demás. (Aceptación no es resignarse)

En nuestra cultura tenemos una fuerte aversión a lo “religioso”. Todo aquello que apenas parece del ámbito de la religión, es resistido. Esa resistencia que tiene sus raíces y que no vamos a investigar ahora, nos lleva también a desconocer las diferencias entre religión, religión institucional, sentimiento religioso, religiosidad, espiritualidad...todo va a parar a la misma bolsa. Pero es cierto. La religión organizada ha abusado del poder, de la discriminación, ha sostenido formas sociales absolutistas, profundamente injustas, ha propiciado la idolatría y la ignorancia, ha sido juez y verdugo. Ha castigado la diversidad de pensamiento y sentir, ha sido violenta y ha propugnado su “pureza moral”… y no creas que hablo sólo de la religión católica, hablo de todas las religiones que se transformaron en institucionales, cuando no, en las formas sociales o del estado en diversos países y lugares del mundo. (El fundamentalismo, el mesianismo, el abuso de poder ha sido “patrimonio” de todas l...