¿Para qué vivimos?
Cuenta Marcos que un día, estaba Jesús con sus discípulos en un lugar cuando se le acercó un hombre corriendo. Se acercó, se arrodilló y le dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” Resulta que no se trataba de alguien con una dolencia o una enfermedad que necesitara curación: se acercó corriendo y se arrodilló. Tampoco se trataba de un “endemoniado”, alguien que no pudiera plantear sus propias necesidades, pues le hizo una sola pregunta, muy certera y muy acorde a lo que un hombre religioso de su cultura y su época podía hacerse: “Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Podríamos pensar que ésta persona hace una pregunta referida al autoconocimiento. No se está ocupando de cosas concretas, materiales o de problemas de salud sino, del autoconocimiento:“...¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Entonces Jesús comprendiendo de dónde venía su pregunta responde en el mismo ámbito. Primero le dice que no lo llame “maestro bueno” porque nadie es más bueno...