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Preguntas redentoras

Existen en todas las tradiciones espirituales. Son parte de la parte más rica de la mística y del autoconocimiento. Las preguntas redentoras son pensamientos, fórmulas que bloquean el pensamiento y conducen nuestra mente más allá: a lo desconocido, a las profundidades de la misma mente que no conocemos al autoconocimiento. Pero para ello, debemos aprender a escucharlas y a formularlas. Resulta que según cuenta Lucas, un día Jesús preguntó a sus discípulos: ¿quién dice la gente que soy? A lo que ellos le respondieron diferentes cosas que seguramente habrían escuchado por ahí. Entonces Jesús desinteresado por las respuestas que los le daban les pregunta directamente: “¿Y ustedes, quién decís que soy?” Esa pregunta de Jesús a sus discípulos ha viajado a través de toda la historia del cristianismo. Jesús preguntando a sus discípulos: ¿ustedes, quién decís que soy? Y algunos se han dedicado a encontrar respuestas, pero no menos nos hemos quedado con la pregunta, dejando que ese pensamien...

¿Cumplir o curar?

 Resulta que en un momento, lo que Jesús proponía comenzó a generarle dificultades con las autoridades religiosas, de hecho, ese conflicto fue el que lo llevó a la cruz. Pero eso no estalló de un momento para otro, sino que fue gestándose, fue armándose poco a poco. Cuenta Marcos que los fariseos, un grupo de estrictos religiosos hebreos, lo venían observando y tratando de "agarrar" en alguna falta cuando se da una discusión en una sinagoga. Los fariseos increparon a Jesús que él y sus discípulos hacían cosas que no estaban permitidas por la religión. Varias veces vamos a leer en los evangelios ese tipo de enfrentamiento de los fariseos con Jesús. En esa ocasión ellos le recriminan que "hacen en sábado lo que no está permitido hacer". (Para los judíos el sabath, o sábado era un día de estricta observancia religiosa. No se realizaba ningún trabajo y se ayunaba). Pero para Jesús la cuestión de la observancia religiosa incluía otros asuntos, por ejemplo su respuesta es...

¿La fe, Jesús o el manto?

Iba Jesús por aquellos caminos donde andaba entre multitudes que querían conocerlo cuando se acercó un funcionario de la sinagoga a pedirle que fuera a su casa a ver a su hija que estaba gravemente enferma (hoy diríamos quizás, un funcionario de presidencia) . Entonces Jesús accedió a ir a su casa y marchó con este hombre, sus amigos y discípulos y una muchedumbre que le dificultaba el paso. En el camino una mujer que estaba enferma desde hacía 12 años se entera de que Jesús pasará por allí y se decide a ir en su búsqueda diciéndose: con sólo tocar su manto será suficiente. Pero esta enfermedad no era cualquier enfermedad. Desde hacía 12 años, ella padecía hemorragias lo que la hacía, según la ley judía, una persona “impura” que debía vivir retirada y a quien nadie podía tocar. De hecho, durante la menstruación, todas las mujeres eran consideradas así, pero a ésta mujer la hemorragia no se le pasaba desde 12 años atrás...había invertido todo el dinero que tenía en médicos y nadie hab...

Tempestad calmada o Jesús en atención plena

Cuenta un relato de Marcos que un día Jesús dijo a sus amigos que tomaran la barca y se echaran al mar para cruzar a la otra orilla. Pero en medio del camino, estando lejos de ambas orillas se desató una tormenta que puso en peligro la vida de todos. Dice el texto que: "las olas se abalanzaban contra la barca, y ya la barca se iba llenando". Los discípulos obviamente se asustaron pero Jesús dormía recostado en la popa. Esa es la presentación y centro de la historia contada: una tempestad, una barca con un puñado de hombres, todos a punto de morir ahogados y su maestro duerme plácidamente. Entonces van y lo despiertan y le recriminan si acaso no le importa que todos mueran ahogados. Jesús se levanta, calma el viento y les dice: ¿Por qué son cobardes? ¿aún no tienen fe? (Ese es el final de la historia). Seguramente te preguntarás qué tiene que ver éste milagro narrado en el que Jesús calma el mar con el yoga. Te lo comparto. Seguridad e inseguridad Muchas veces me ha tocado res...

¿Para qué vivimos?

Cuenta Marcos que un día, estaba Jesús con sus discípulos en un lugar cuando se le acercó un hombre corriendo. Se acercó, se arrodilló y le dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” Resulta que no se trataba de alguien con una dolencia o una enfermedad que necesitara curación: se acercó corriendo y se arrodilló. Tampoco se trataba de un “endemoniado”, alguien que no pudiera plantear sus propias necesidades, pues le hizo una sola pregunta, muy certera y muy acorde a lo que un hombre religioso de su cultura y su época podía hacerse: “Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Podríamos pensar que ésta persona hace una pregunta referida al autoconocimiento. No se está ocupando de cosas concretas, materiales o de problemas de salud sino, del autoconocimiento:“...¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Entonces Jesús comprendiendo de dónde venía su pregunta responde en el mismo ámbito. Primero le dice que no lo llame “maestro bueno” porque nadie es más bueno...

De tres maneras

Seguramente habrás escuchado o leído alguna vez acerca de la resurrección de Jesús. Luego de ser asesinado en una cruz al estilo romano de su época, Jesús resucita y se aparece a varios de sus discípulos. La muerte y resurrección...vivir después de morir...de alguna manera “vencer la muerte”, vencer el fin de todas las cosas. Luego de las apariciones, las comunidades que seguían a los discípulos de Jesús, que transmitían el recuerdo y la enseñanza de haber vivido con él y haber sido testigo presencial de su vida pública, irán dando forma a la iglesia Cristiana, la iglesia de Jesús y esos relatos serán pilares y cimientos de esa nueva comunidad. De tres maneras Luego de su muerte, Jesús aparece en situaciones muy particulares: a Magdalena en medio del huerto, (cuando ella va a visitar su tumba el domingo a la mañana), en el camino a los discípulos en el monte y en el camino a Emaús (y lo reconocen al partir el pan en la cena), a los discípulos reunidos cuando estaban orando. Son varias...

Soltar las piedras

El episodio de la vida de Jesús que me gustaría compartirte hoy es uno de los más “revolucionarios” de su vida pública seguramente. Resulta que según cuenta Juan, Jesús estaba enseñando en la sinagoga y de pronto un grupo de hombres traen y ponen en medio de todos a una mujer que había sido “sorprendida” en adulterio. La ley decía que debía ser muerta a pedradas. Textual, la ley de Moisés decía que esa mujer debía ser apedreada hasta la muerte. Los hombres que la traían, muy poco se interesaban por el “cumplimiento” de dicha ley y menos aún por la suerte de la mujer, lo que querían era acorralar a Jesús. Si Jesús apoyaba matarla entonces su enseñanza no era ni tan compasiva ni tan revolucionara y si no apoyaba matarla entonces estaba cometiendo una falta grave al desautorizar la ley. ¿Y qué pasó? ¿Cómo resolvió esto Jesús? Mientras la horda de hombres  reclamaban una respuesta rápida,- imaginate el ambiente-, la mujer traída a empujones, contra su voluntad, tirada allí entre medio...