APRENDIENDO A MEDITAR
Eres tierra que recibe una semilla. Eres campo fértil para la vida… Llegas al salón de práctica y apenas logras dejar afuera tus pertenencias, la ropa con la que has trabajado durante el día… apagas el celular (no sin antes mirar un último mensaje y quizás contestarlo), buscas tu manta y te sientas. Pero no has logrado dejarlo todo. ¡Tienes tanto por hacer! Caen como en cascada pensamientos e imágenes del día vivido, de los días anteriores, incluso de años, personas con las que aun tienes que hablar antes de ir a dormir, problemas por resolver, cosas que comprar… la cena, el desayuno de mañana y además quieres descansar un poco y distraerte. Suena difícil que la meditación pueda hacer lo suyo en medio de tanta agitación y te preguntas: “¿Podré con todo esto?... Tengo que aprender a meditar más y mejor así podré con todo esto” Pero sucede que si realmente te mantienes en la meditación no tardarás en descubrir que la meditación no es cosa de esfuerzo y rendimiento sino de fecundidad y ...