jueves, 7 de noviembre de 2024

Eligiendo ver


Una vez Jesús se acercó al templo y observó el acto de dar limosnas de varios judíos. La limosna era una de las principales características de la religión hebrea, uno de los principales preceptos a tener en cuenta. Se dice que en los muros del templo había una especie de embudos de metal en donde se “echaban” las monedas. (Y cuando más ponías y más importantes en valor eran, por su peso, más ruido hacían de modo que todos se enteraban lo que estabas poniendo. La religión de la ostentación).

Entonces Jesús observa el acto de dar la limosna y dice el texto que “muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y echó dos ochavos, que hacen un cuarto” -esa cantidad para la época era insignificante)- y les dice a su discípulos: “Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro. Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida.”

“Esa viuda”

En la sociedad hebrea del tiempo de Jesús, esa mujer era triplemente vulnerable, por pobre, por mujer y por viuda ( por no tener un hombre que la sustentara y la protegiera). Jesús no elije a cualquier persona para decir lo que quería decir, sino que mirando a las personas que allí se encontraban mira y ve, a la más vulnerable...así es Jesús.

Pero antes de hablar de ella, antes de mencionarla, seguramente mientras la veía además de mirarla, le dice a sus amigos: “¡Cuidado con los letrados! Esos que gustan de pasearse con sus vestiduras y de las reverencias en la calle, de los primeros asientos en las sinagogas y de los primeros puestos en los banquetes (…)” y entonces agrega: “Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que nadie, os lo aseguro.”

Seguramente te preguntarás qué tiene que ver esto con el yoga. Te comparto.

A quién miramos, a quién vemos

Una de las dificultades que tenemos que aprender a sortear en el camino espiritual trazado por la tradición del yoga es que puede convertirse para la persona, en un nuevo individualismo. Podemos caer en una trampa nueva del ego que nos dirá: acomodate, ordená tu vida y que nadie te moleste porque vos, no molestas a nadie. Para sortear esa indiferencia que no nos traerá más que sufrimiento, lo que tenemos que hacer es aprender a mirar la realidad y preguntarnos a quiénes queremos mirar y ver.

En el templo en el que Jesús está contemplando la escena había una característica de la que aún no te comenté. Los hombres y las mujeres estaban separados. No ponían la limosna en los mismos lugares, y por la durísima segmentación y marginación social, tampoco lo hacían ricos y pobres juntos. Entonces ¿cómo es que Jesús ve a aquella pobre mujer viuda? Porque elije seguramente un lugar desde el que pararse y mirar. Elije qué mirar y en la escena, elije qué ver. Ese creo es el principal mensaje de este pasaje de su vida que nos interpela a nosotros buscadores de una espiritualidad que se comprometa con aliviar el sufrimiento propio...y “ajeno”. ¿Qué vamos a mirar? ¿Desde qué lugar vamos a mirar la vida ante nuestros ojos?

Regalar o desprenderse

Esta es la otra dimensión de este momento de la vida de Jesús que también puede ayudarnos a sortear la trampa de una espiritualidad acomodada en una sociedad tan preocupada por el bienestar individual, por las formas del “no molestar”. Jesús en su forma tan particular de mirar y ver, ve la diferencia entre dar y dar con desprendimiento: “todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida.”

Es poco los que podemos hacer compartiendo algo de lo que tenemos. Este es un cuestionamiento que seguramente habrás escuchado muchas veces acerca de qué solucionas dando un plato de comida, un abrigo o incluso unas monedas. Depende. ¿De qué? De la intención con que damos.

Podemos dar mucho y no dar nada. Podemos compartir todo y no compartirnos nunca.

Si el dar y el compartir es la forma en que voy aprendiendo a desprenderme de la comodidad, a iluminar mis privilegios es cono una gota que va horadando la piedra de mi ego, entonces, hay grandes cambios. Porque cuando compartimos, la realidad que cambia es fundamentalmente la realidad del que da...si está dispuesto a desprenderse y a compartirse, claro está. Y en la medida de que hagamos ese camino, seremos cada vez más hombres y mujeres estableciendo unas relaciones sociales que sin duda serán el fundamento de una forma de vida más humana, más tarde o más temprano. Humildemente creo que esa es la esencia de una espiritualidad comprometida con la felicidad y la liberación del sufrimiento.




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