De ovejas y pastores: la dimensión personal
Nadie se salva solo…porque nadie puede vivir solo. Nuestra existencia es colectiva ya desde lo biológico, porque no nacemos de la nada sino de la reunión de otras personas que a su vez nacieron de otras personas y al morir, si bien morimos de forma individual, morimos a la vida colectiva, dejamos de “existir” en esa dimensión colectiva…(de todas formas “seguir existiendo” y “dejar de existir”, son conceptos en los que podríamos profundizar y aclararnos).
Pero lo cierto es que la vida es colectiva, alimentarnos, trabajar, sobrevivir, disfrutar, curarnos o aliviarnos, gratificarnos…todo es posible únicamente en el plano colectivo. Solos no podríamos sobrevivir. ¿Pero eso significa que no existe una dimensión personal de la vida y de la “salvación”?
La metáfora del buen pastor y de la puerta del redil que aparece en el evangelio de Juan podría darnos una pista. Dice Jesús que él es el “pastor” que cuando entra al redil llama a sus ovejas y éstas reconocen su voz y acuden a él. Y que él, las cuida y las guía. En ése momento, su audiencia que sabía de pastores y ovejas, de peligros y cuidados parece que no comprendió bien el significado de la metáfora, nosotros, 2 mil años después menos aún la comprenderemos, pues eso de ser “ovejas” del rebaño en occidente nunca cierra del todo. Por eso es preciso continuar con el relato de Jesús que adelantándose a la incomprensión que iba a despertar continúa: “...Pues sí, os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.”
Un redil era el espacio donde se protegía a las ovejas que cuidaban diferentes pastores. Un espacio cerrado, construído de forma muy rústica y con una puerta muy estrecha, muy pequeña por donde apenas pasaría una oveja. Allí se paraba el pastor y llamaba a sus ovejas que le reconocían por la voz o por el silbido o por el sonido con que siempre las llamaba. (Cada pastor tenía una forma diferente de llamar a sus ovejas). Entonces se dirigían hacia él y el pastor, parado en la puerta estrecha las dejaba pasar una a una, sólo a las de su rebaño.
En el redil estaban todas. Cuando el pastor llegaba y llamaba a las suyas éstas acudían, pero por la puerta no pasarían todas juntas sino de a una y por la intersección del pastor. Esa es la dimensión personal del autoconocimiento. En el redil estamos todos juntos, la vida misma. Entra el pastor, nos llama y nosotros reconocemos su voz. Es a nosotros que nos llama, cada uno debe responder a ese llamado y dirigirse hacia la puerta del redil. Ese es el primer movimiento de la dimensión personal: para liberarnos debemos escuchar y responder. Luego ya ante la puerta a la que vamos todos juntos, el paso es personal. Pasamos de a uno a través del pastor que se pone en la puerta y va “ayudándonos” a pasar.
Pero ni somos ovejas, ni Jesús es un pastor, ni vivimos dentro de un redil. Todo es una metáfora. Nos preguntamos: la vida con sus compromisos y exigencias muchas veces nos muestra su cara dolorosa. Sufrimos. En el redil de nuestras creencias nos sentimos “a salvo” de los peligros externos, pero eso no basta, la vida con sus necesidades reales pulsa y es necesario salir fuera del redil, pero: ¿cuándo saldremos? ¿y cómo? Cuando escuchamos que hay una voz que nos llama de forma personal y nos disponemos a dirigirnos hacia la puerta, el pastor llama pero la oveja decide ir o no ir. Y luego la puerta que es angosta, pequeña. No es fácil salir de allí como no es fácil salir del sufrimiento. La puerta por la que salimos y nos liberamos de nuestro sufrimiento es una puerta estrecha que no sólo es difícil de traspasar sino que además se pasa de a uno, de forma personal. Y fuera del redil una vez “libres” es la voz del pastor y su presencia la que nos guía, acompaña y protege. Si la voz de la enseñanza es una amenaza para nosotros, si nuestra vanidad no acepta que necesitamos que nos acompañen y nos guíen, si creemos que lo sabemos y lo podemos todo, entonces lo más seguro es que sigamos viviendo por siempre dentro del redil. Podremos construir un redil lujoso, “confortable” pero seguirá siendo eso: un redil y nosotros seguiremos dentro perdiéndonos la pradera.
El papel que juega el seguimiento y el acompañamiento en la tradición cristiana está muy bien expresado en esta metáfora del pastor. En la tradición budista por ejemplo se habla de “tomar refugio” en el dharma, el buda y la comunidad… refugiarse, dejarse cuidar…
Podríamos preguntarnos qué sería para nuestra vida “pasar” a través de Jesús como si él fuese una puerta. Si para mí Jesús es libertad, misericordia, compasión, firmeza…yo pasaré de forma personal en mi relación con él a través de la libertad, de la misericordia, de la compasión y de la firmeza. ¿Para vos, quién es Jesús?
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