martes, 29 de octubre de 2024

No más, al borde del camino

 Hay un momento de la vida de Jesús conocido como un milagro de curación, en el que un hombre llamado Bartimeo, ciego y pobre estaba mendigando al borde del camino cuando escucha que Jesús pasa cerca con sus discípulos. El hombre grita por Jesús, unos le decían que se callara y Jesús pide que lo traigan junto a él. Entonces le pregunta qué quiere que haga por él y Bartimeo responde: “quiero ver”. Jesús le dice, “márchate, tu fe te ha salvado” y el texto cuenta que ese hombre “Inmediatamente recobró la vista y lo seguía en el camino.”

Así es Jesús

Ya con una vida pública, Jesús, ya conocido en el ambiente no puede trasladarse de un lado a otro sin ser visto por todos. La gente lo acompaña, lo aprietan, todos habrán querido del Maestro el privilegio de unas palabras o una mirada al menos. Cuando los niños se le acercan y sus propios discípulos intentan alejarlos, él los llama y los pone en el centro. Cuando se le acerca un leproso y todos huyen él lo abraza, cuando quieren apedrear a una mujer él se pone entre medio y la salva...así es Jesús. Y cuando aquella gente pretende que el ciego pobre se calle y no le pida nada, Jesús se detiene y lo llama a su lado. Toda la enseñanza de Jesús podría resumirse releyendo estos acontecimientos en los que él señala a quienes prefiere escuchar, mirar y tocar. Y si su enseñanza va a ser un camino a transitar por otros, esos otros deberíamos mirar cómo actúa él porque esa es toda su enseñanza: una manera de vivir.

Al costado del camino

En aquella sociedad en tiempos de Jesús, una discapacidad era vista como un pecado expiándose, como una especie de “castigo” que se estaba pagando y significaba que la persona estaba fuera de la vida económica, social y religiosa. Sólo le quedaba la mendicidad, esperar por la caridad de algunas personas que le dieran unas monedas. A eso estaba reducida la vida de Bartimeo...hasta que pasa Jesús por allí. Cuando la vida de Bartimeo se cruza con el camino de Jesús, entonces su vida cambiará: recobra la vista, se pone de pie y se integra al grupo de Jesús “siguiéndolo por el camino”. Pero hay algo más...Jesús lo llama y le pregunta “¿qué quieres que haga por ti?” y el mendigo no pide dinero sino dignidad. Quiere ver. Y cuando vea Bartimeo se integrará a la vida nuevamente, dejará el costado del camino para transitarlo por dentro. Dice Jesús que su fe lo ha salvado. Seguramente, Bartimeo dirá por los caminos ahora transitados con visión de hombre nuevo, que lo que lo salvó fue el encuentro con Jesús, fue que Jesús un día pasara por allí.

Seguramente te preguntarás qué tiene que ver esto con el yoga. Te comparto.

Para mí es uno de los pasajes de la vida de Jesús más significativos y más esclarecedores. El autoconocimiento se trata de una elección. De una forma de vivir, de un camino que vamos caminando precisamente y también nosotros elegimos qué voces escuchar: ¿la de quienes quieren un privilegio y nos aprietan y agobian o las de los mendigos al borde del camino? También nosotros cuando nos sentimos fuera del flujo de la vida, cuando no podemos integrarnos a la felicidad, ¿elegimos gritar por nuestra dignidad o quedarnos allí mendigando unas monedas de alivio y gratificación?



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